No hay nada como una casa con niños pequeños o amigos peludos. Hay más vida, más movimiento y, de vez en cuando, situaciones inesperadas. Y hay una que casi siempre aparece sin aviso.
En el momento, la prioridad es resolverlo rápido. Limpiar, ventilar, disimular y esperar que todo quede bien. Y realmente parece que todo está solucionado, ¿verdad? Pero después de unas horas, vuelve: el olor desagradable. Y aparece la sensación de:




